SAP, inteligencia artificial y el peligro de renovar los votos.
¿Estás casado con SAP? ¿O con alguno de sus distinguidos parientes, Oracle, Microsoft Dynamics y compañía?
Entonces probablemente sabes que no todos los matrimonios se celebran por amor. Algunos comienzan con promesas de eficiencia, continúan con presupuestos desbordados y terminan en una convivencia resignada. ¿Divorciarse? Impensable. Separar los sistemas de una empresa puede resultar más complicado que repartir sus bienes.
¿Y ahora? Una nueva luna de miel. S/4HANA, inteligencia artificial, sistemas predictivos y la promesa de que esta vez todo será diferente. ¿No te resulta familiar?
Lo fascinante es que muchas organizaciones se preparan para renovar sus votos exactamente como lo hicieron la primera vez: consultores, presupuestos millonarios, comités de seguimiento y la reconfortante certeza de que alguien de informática tiene todo bajo control.
Pero, ¿no parece irónico que estemos invirtiendo fortunas en máquinas capaces de aprender mientras seguimos dirigiendo organizaciones que se resisten a hacerlo?
Porque la inteligencia artificial no solo cambia lo que una empresa puede hacer. También cuestiona quién sabe, quién decide y, sobre todo, quién conserva el poder.
Y ahí comienza el verdadero problema. La tecnología puede instalarse; el liderazgo adaptativo, no. Cambiar exige cuestionar certezas, abandonar privilegios y reconocer que algunas respuestas que funcionaron durante décadas dejaron de servir.
La pregunta que deberían hacerse los directorios no es cuánto costará esta nueva luna de miel, sino si están preparados para lo que viene después.
Porque quizás el mayor riesgo no sea descubrir que SAP todavía tiene mucho que aprender.
Sino que el directorio lleva años tratando de solucionar problemas adaptativos con las herramientas incorrectas.